
Lisboa, una gran ciudad, bohemia como ninguna. Oscura, con esa decadencia que le da ese encanto especial. Quizá ese aspecto haya inspirado a los fadistas a crear sus canciones. O quizá sea al contrario, y el fado haya inspirado toda la ciudad.
El fado, canción triste y melancólica, pero a la vez embriagadora. Tus tonos cálidos y lentos, son útilizados tanto para expresar amor como para la pena. Reflejo de la vida misma donde, a veces, dichos sentimientos se unen inexorablemente, provocando una encrujizada de sensaciones. Una ilusión puede llevar consigo una enorme tristeza por lo que dejamos, por lo que ya no podremos revivir.
A veces, nos sentimos así, pero sin duda es un error quedarnos estancados en estos sentimientos. La vida son pequeños momentos, de los que disfrutamos, reimos, amamos y crecemos. El pasado siempre es féliz y el fúturo prometedor. Yo me he comprometido a que sea así.
De cualquier manera, os recomiendo un paseito por el barrio alto, un cafetito en un pequeño local de sus empinadas calles y quizá que un fado nos rodee con su misteria belleza.
2 comentarios:
Oh... qué bonito... Me ha gustado mucho el post... por muchas cosas, y tú lo sabes.
Pasamos ahora por un momento difícil en el que es verdad que es fácil dejarse llevar por la melancolía y pensar que nada vale la pena, pero estoy segura de que saldremos adelante airosos y seremos felices. Gracias por recordarme que siempre hay que mirar hacia delante, y por poder contar contigo.
La próxima vez en Lisboa comeremos pasteles de Belem y escucharemos fados, por los viejos tiempos y por los que vendrán ;)
Te quiero Dermojacin
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