lunes, 2 de junio de 2008

Duro de llevar

En honor a alguien muy especial.

Musée d'Orsay


París, la ciudad de las luces, del Moulin Rouge, de los Campos Eliseos... Muchas formas de denominar a la preciosa capital francesa. Pero, fuera de los tópicos turísticos, a mi me gustan ver las ciudades enmarcardas en un tiempo histórico. Un fragmento de tiempo que explica la grandeza de la misma. No tienes nada más que pasear un poco entre las callejuelas de Montmartre para adentrarte en finales del siglo XIX. La época en que los bohemios,como Toulouse-Lautrec, Monet, Pissarro... rondaban esas calles, frecuentaban sus pequeños cafes y disfrutaban de los placeres de la noche en algún tuburio, como el Moulin de la Galette.

Así pues, cuando las oleadas de turistas hacen cola en el magnífico museo del Louvre, yo prefiero disfrutar tranquilamente del coqueto, aunque precioso museo de Orsay. Antigua estación de tren, todavia guarda el sabor del lugar de paso y si cerramos los ojos quizá imaginemos a algun señor con larga barba y sombrero esperando a aquellas maquinas de vapor. Además se puede disfrutar de todo el arte de esos pioneros de la pintura impresionista y postimpresionista, que te trasportan a esa época dorada de los cabarets. Quizá esa un tópico, pero me atrevo a que lo imagineis oyendo "Comptine d'un autre été - L'après-midi" de la banda sonora de Amelie y quizá nos transportemos allí por un segundo.